Miguel Ángel Molfino, “Monstruos Perfectos”, Viceversa, Córdoba, 2010

Provincia de Chaco, hacia fines de la década del sesenta. Tres disparos de escopeta, un matrimonio muerto. Dos asesinatos sin esclarecer (los padres del protagonista). Él, el hijo, estaba cerca. La duda sobre la responsabilidad, la participación, las razones que toma Miroslavo Holdt -el hijo- para la huída serán permanentes. No hay indicios para bosquejar una certeza. ¿Qué expulsa del hogar, del espacio familiar, del tiempo cero a Miroslavo?

La muerte horrenda pone fin a la figura de “pavote” (así lo definió un de sus vecinos): él se pasaba los días contemplando el cielo, el suceder de los días. Gracias al criado de la familia, un toba sordo, había descubierto el misterio de la naturaleza. Desde siempre esquivó las labores del campo, a las que estaba obligado. La violencia es un crack:

“Pero todo es tan real que asusta. La vanidad del mal te acercó a la verdad y te quemó. Ahora ya es tarde, debe ser muy tarde para intentar cualquier otra cosa.”

Desde el horror del asesinato, una novela de iniciación. Pero no una iniciación romántica. Se topa con un traficante de armas quien será su Virgilio. Aquel que contemplaba ahora se encuentra inmerso en la violencia del mundo, es absorbido por los hechos. En un punto dejará de ser ingenuo. El camino de Miroslavo es el de alguien puro que se implica más y más en la barbarie. Y sin embargo, hacia el final de la novela, cuando ya nos damos cuenta que no hay vuelta atrás, asistimos a la nostalgia:

“Me gustaría que todo volviera a empezar. Quisiera contar otra historia, no sé, a cualquier persona, una historia clara, que se parezca al agua, al río, a aquellos árboles, a aquella gente chiquita de la isla. (…)¿Cómo hacer que todo empiece para que empiece como empiezan las nubes más puras en los cielos màs puros? (…)  ¿Es que voy a morir en esta sola vida, en esta vida habitada por monstruos que rompieron con sus alientos cadavéricos todos esos días que no puedo recordar, mis días de niño?

Entonces, como si ahora fuésemos nosotros quien miramos el cielo, nos damos cuenta que no hay final. Solo existe lo provisorio, un punto y a parte. La novela cierra con una cadena de hechos pero la vida –y la barbarie- continua. Y nada sabemos de ella. Salvo que, al igual que la naturaleza que podemos contemplar, nos constituye.

ISBN: 978-987-1414-52-9

284 páginas

PVP: $ 42

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